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El médium es responsable (por sólo serlo), como diez mil hombres del mundo en que actúa; pero también sus méritos o responsabilidades son por los méritos o responsabilidades de diez mil. Este solo hecho debe ser la bastante lección para los médiums y los que rodean al médium. Al médium no hay que darle otro trato que el de la verdad, sea dulce o sea amarga, porque él no debe oir más que justicia y no puede hacérsele acepción ninguna entre los hombres, porque de esa acepción se aprovecha el detractor para sembrar en él el orgullo, la vanidad y el desprecio de los otros médiums.

 

Conoce qué son las facultades medianímicas